La nublada tarde del 15 de abril de 1951, iba a marcar un hecho histórico para el fútbol local, luego de 26 años del primer derby castense, Estudiantil le ganaba a Racing Club por primera vez en la historia. Toda una novedad en esa época que tenía en la Liga a un equipo que se llama Boca Juniors, era 1 de los 6 de General Pico, junto a los de Realicó, Alvear y otro de Gonzalez Moreno, conformaban el campeonato.
En éste contexto el castense Néstor «Didi» Ferrero contacto al medio para narrar lo sucedido en aquella tarde del 15 abril, en un cuento, que explica los sentimientos tricolores y albos:
Los personajes, incidente y diálogos son productos de la imaginación del autor
y no deben interpretarse como si fueran reales. Cualquier parecido con hechos
verdaderos o personas, vivas o muertas, es pura coincidencia.
El pueblo tiene su utopía de ciudad, y detrás de ella todos unidos, una sola
masa compacta luchando día a día para concretarla, hombres y mujeres, de
aquí y los de allá -los que cruzaron el charco- poniendo el hombro para verla
florecer y para que su punto en el mapa sea más grande.
Hoy es domingo, decir domingo es decir fútbol. Si de fútbol hablamos,
tenemos dos pueblos reflejados en la cancha, haciendo la hinchada, que con
sus gritos y sus bombos rompen la calma pueblerina y hasta el monumento al
Trabajo allá en la diagonal se siente sorprendido.
Hoy es domingo y los tradicionales rivales; Racing Club, con su camisa blanca
y una estrella negra en el pecho y Club Estudiantil, el fervoroso equipo
bohemio tricolor, se enfrentan una vez mas por el campeonato de la liga local.
Veintiséis años que Estudiantil no puede saborear la miel del triunfo. Cada
partido una esperanza, esfuerzos que nunca pudieron concretarse en victoria;
veintiséis años sin ver el titular en la página deportiva del matutino provincial y
a ocho columnas: ”ESTUDIANTIL SE LLEVÓ EL CLÁSICO CASTENSE”.
Otro clásico. Otro partido en la cancha del Bohemio. Como en los últimos
veintiséis años o lo que es lo mismo, desde siempre, esperando el día de la
victoria. ¿Será hoy el día?,..
Los equipos ingresan al campo de juego, recibidos por sus parciales con gritos
y papeles lanzados al aire, que ajenos a la tensión y a la ansiedad, juegan su
canción de alegría y esperanza en remolinos, con el ritmo suave que impone
el pampero, que también está presente para adherirse a tan magno
acontecimiento.
Los protagonistas están posando para los fotógrafos; Don Victorio Giorgi y Del
Arbol registran para la posteridad el momento que pasará a engrosar el álbum
de los recuerdos de ambas instituciones, los periódicos provinciales también
enviaron corresponsales gráficos que reflejarán en sus páginas lo sucedido en
Castex.

Tras el izamiento de la bandera en ceremonia solemne, el juez llama a los
capitanes al centro de la cancha; moneda al aire que decide la ubicación en el
campo de juego de los jugadores, estos se posicionan de acuerdo a la
decisión del azar y el nueve del equipo tricolor será el encargado de poner en
marcha el partido.
Primera fecha del torneo de la liga pampeana, los equipos no están para los
primeros puestos, pero en este campeonato pueblerino muy particular, no
importa la ubicación, es a ganar o morir, como en los últimos veintiséis años,
como siempre. Después de los partidos, los lamentos de los fanáticos: por error
del referí, porque el nueve es de madera, mira que el dos no para a nadie.
Veintiséis años buscando al responsable de no poder obtener una victoria en el
clásico.
Jorge, simpatizante bohemio está nervioso, al costado de la cancha casi en la
mitad, para ver los arcos a igual distancia, observa donde se ubica el arquero
de tricolor. Piensa:
¿Dará resultado el trabajo que preparó Doña Juana? Tendríamos que haber
ido hasta Huinca, para ver al curandero que tiene fama de bueno. ¡No!, no
tengo que dudar de Doña Juana, si contra Costa anduvo bárbaro; ¡Ganamos
los dos partidos!
Alberto, hincha fanático de Racing, golpea el bombo con fuerza, con alegría,
Doña Juana fue clara en sus indicaciones: pata de conejo, un puñado de arroz,
enterrarlo al lado del palo derecho en los dos arcos, regar con té de ruda
macho y a disfrutar el partido.
Comienza el partido, minuto uno, el puntero izquierdo racinguista, Torres, en
rápida jugada, casi convierte, gran atajada del “Goma” Carbonell, que
nuevamente al minuto dos, salva la valla bohemia; día de emociones y
suspenso.
A los diez minutos del primer tiempo Jorge no tuvo dudas: Doña Juana hizo un
buen trabajo. La popular local estalló en un grito, ¡GOOLLL! El pibe, el diez,
ese que si fuera nueve, sería mejor que Bernabé Ferreyra, la tocó suave, como
los que saben, al rincón, donde el flaco Rossi no podía llegar aunque le
avisaran.
A los treinta minutos una combinación entre Dahir, Dominguez y Torres
devolución a Dahir y Carbonell lentamente va camino a los piolines a retirar la
bola. Empate.
Los equipos se van al descanso, empatando uno a uno, partido parejo, duro,
sin gran técnica, puro corazón.
Jorge piensa:
Me queda un tiempo para sufrir. No que voy a sufrir, si el trabajo de Doña
Juana está bien hecho, yo puse la pata de pollo y la vela junto al palo izquierdo,
ahí donde el nueve la puso- Se quedó un poco más tranquilo.
Enfrente, Alberto piensa:
Doña Juana me dijo arroz o porotos, ¿no me habré equivocado? ¡Qué
macana! Se quedó un poco más intranquilo.-
Segundo tiempo. A los veinte minutos una brillante jugada, Albino Esnal cede
corto a Chirola Santos cerca del área rival, amague a derecha, amague a
izquierda, tres defensores pasan de largo, toque al palo derecho del arquero,
tribuna que estalla en un grito esperado, ¡Goooooll! A este pibe le dicen
Chirola, hoy se recibió de MONEDA, que gol Dios Mío. Que gol.
Mueve el Albo desde el centro de la cancha buscando el empate. Veintiséis
años y hoy, justo hoy, se nos puede dar en contra, pensaba su hinchada.
El cinco Allasia, en el medio, tratando de armar a su equipo y apoyar a sus
delanteros pensaba lo mismo.
La pelota no quiere entrar, una pegó en el travesaño, otra en el palo izquierdo,
si parece que el arco de Estudiantil estuviera embrujado- decía el relator.
Jorge pensaba, ¡que buen trabajo hizo Doña Juana!!
Minuto cuarenta y dos, el ocho del Albo, escapa en diagonal, elude a dos
rivales, ingresa al área, el arquero, el Goma Carbonell, sale desesperado, se
tira a los pies y el referí marca PENAL. El relator grita:
¡PENAAAAL!, y pregunta ¿Se repite la historia? ¿Otra vez el Tricolor no
puede ganar? ¿Quién será el responsable de concretar esta posibilidad de
empatar el partido que se le presenta a Racing?
Reaccionan los jugadores de Estudiantil protestando el fallo, hay empujones y
forcejeos entre los protagonistas, consideran que la infracción no existió.
Alegría y desazón en las hinchadas, amenazas del referí con amonestaciones,
que no se concretan, la calma momentánea vuelve al campo de juego.
La parcialidad visitante enloquece, la gran oportunidad a tres minutos del final.
El otoño pampeano se expresaba con todo su esplendor, el sol radiante
regresaba lentamente a su morada, la tarde iba armando el escenario para
que la entrada a su palacio fuera con el brillo habitual, algunas nubes
juguetonas ponían sombras a su paso para marcar los contrastes surrealistas
que sus rayos fulgurantes pintaban a su paso.-
Alberto, jefe de la hinchada, comienza a corear el nombre de su preferido para
esta instancia. Desde la tribuna, como una ola, baja el nombre de ALLASIA,
ALLASIA; lentamente, las voces se van apagando. Se acerca la hora de la
verdad.
El Goma, tranquilo después del revolcón, se levanta y camina hacia la línea del
arco. Allasia, el encargado de ejecutar la pena máxima, comienza a colocar la
pelota en su sitio.
El Goma conocía la habilidad del hombre, nunca demostrar la intención,
siempre suave, abajo y al rincón derecho del arquero; la pelota entraba al arco,
al lado del poste, como abrazada a un amor. Se paró en el medio del arco,
detrás de la línea como ordena el referí.
_Nada de adelantarse porque se patea de nuevo- fue la amenaza.
El Goma se decidió. Esa mañana en su casa no se hablaba de otra cosa que
no fuera el partido, el abuelo Juan – al que todos reconocían como un gran
teórico del fútbol- , le dijo:
Si hay un penal, no importa quien patee, tírate a la derecha, porque vos sos
zurdo, y piensan que para ese lado, llegás siempre tarde-.
Como dijo el abuelo, me tiro a la derecha.
La tribuna partidaria comienza a corear su apodo ¡ Goooma, Gooma.!. El
Goma no escucha.-
Allasia, coloca la pelota en el punto del penal,- mira de reojo al arquero-, la
acaricia, la trata como se trata a una madre, con dulzura, la deja quieta sobre el
montoncito de pasto, va a tomar ubicación, lentamente. Piensa:
Le voy a pegar de zurda y al palo izquierdo, la toco como en el billar,
suavecito, al rastrón y que entre besando el palo, la popu se va a venir abajo.
Juana, Juanita no me falles justo ahora, Diosito no te olvides de mí. –
Suplicaba Jorge.
Coloca la pelota Allasia, silencio en el estadio, el relator pinta para su
audiencia el cuadro de situación: el arquero colocado, todo listo, el árbitro va a
dar la orden. Allasia, un hombre experimentado, se ha colocado a cinco metros
de la pelota, parece que va a cambiar su forma de patear los penales, nos tiene
acostumbrado a una corta carrera y su toque suave tratando como a una
amante a la número cinco, hoy la carrera es más larga; suena el silbato, toma
carrera Allasia.
Allasia mira el arco, duda, y dice para sus adentros:
—-Lo voy asegurar, fuerte a la izquierda contra el palo, patea como nunca.
El Goma fue a su derecha, la pelota a su izquierda y pegadita al palo; pasa
ella, la diosa, la amante de veintidós muchachos, puro corazón, y no la
detienen los piolines de la red. Ha decidido pasear su figura junto a los
fotógrafos del lado de afuera.
La hinchada del Albo no lo puede creer; Allasia erró el penal.
La hinchada del Bohemio no lo puede creer; Allasia erró el penal.
El Goma no lo puede creer;
—fue a la izquierda, me cambió de palo.
El relator no lo puede creer; Allasia erró el penal, cambió su estilo, increíble.
El griterío es infernal. Jorge grita y en su interior repite
— ¡Que trabajo Juana! ¡Que trabajo, si hasta Allasia erró un penal!

— Me habré equivocado, ¿me dijo arroz o porotos?, ¡Doña Juana ya está vieja
para estos trabajos! no tiene el poder de antes, hay que ir buscando
reemplazante, en Huinca dicen que hay uno que es bueno; haremos una visita.
Ya veremos que hacemos con los muchachos, pensaba Alberto.
Saca rápido Carbonell para Mariano Esnal, a su vez dos pasos y largo para
Domingo Vásquez, este mira el arco rival, y fuerte arriba y pelota que ingresa
abrazando la red. Ya no queda casi tiempo para finalizar. Hoy es el día.
Suena el silbato del árbitro decretando el final del partido y el inicio del
carnaval, cientos de gargantas gritando: Llora, llora y llora el Albo llora…
Cientos de ojos dejando escapar lágrimas, unos de alegría, otros de bronca.
Miles de comentarios de uno y otro lado. Que tomó mucha carrera, que se
asustó, el cuatro no paró a nadie, el Moneda ¡Un fenómeno! ¡Cómo la tocó en
el gol! NO, el Chirola contesta otro hincha.
— No, se recibió de MONEDA, dos goles, no viste cómo la tocó.
—Para mí CHIROLA Nuestro Ídolo
Terminó el partido, el sol cansinamente sube la escalera de su aposento, la
fiesta se retira lentamente del estadio, se va por las calles. El monumento al
Trabajo la verá pasar una y otra vez hasta la madrugada del lunes.
El lunes, en el suplemento deportivo, el titular a ocho columnas dirá
“ESTUDIANTIL SE LLEVO EL CLASICO CASTENSE DESPUES DE 26
AÑOS”, y como subtítulo, Hubo fiesta en Castex, Allasia erró un penal.-
AUTOR: Néstor C Ferrero

